


Hola, somos Nayeli y Sofía, estudiantes de Ingeniería en Ciencias Ambientales de la Universidad de Sonora en Hermosillo y estamos realizando nuestras prácticas profesionales con Sky Island Alliance. Acabamos de asistir a una salida de campo para apoyar con el proyecto de Spring Seeker en Sierra Los Ajos, cerca de Cananea, y queremos contarles un poco sobre nuestra experiencia.
Sierra Los Ajos se encuentra entre los municipios de Cananea y Fronteras. Es una imponente cadena montañosa dentro de la Sierra Madre Occidental. Se considera una de las cimas más altas de Sonora, pues alcanza una altitud aproximada de 2,620 m. Forma parte del Área de Protección de Flora y Fauna Bavispe y se encuentra dentro de las Islas del Cielo. Su ecosistema montañoso se forma por un denso bosque de pino y encino y alberga una gran diversidad de flora y fauna.
Durante cuatro días pudimos disfrutar de un clima bastante agradable con brisas frescas, lluvia, nubes cargadas de agua, noches ligeramente frías y un fascinante claro de luna. También estábamos acompañadas siempre del aroma a petricor, hierba y madera que hacía que cada respiro se sintiera ligero y reconfortante, y por supuesto disfrutamos de las hermosas vistas, tanto desde la cima como adentradas en el bosque.
El miércoles 24 de junio viajamos a Cananea para reunirnos con Karen y Michell del equipo de Sky Island Alliance, quienes amablemente nos dieron un lugar donde descansar y pasar la noche para, al día siguiente, cargar los carros y emprender el viaje rumbo a la sierra junto con personas de la CONANP (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) y estudiantes de la Universidad de la Sierra. Fue una travesía de cinco horas ya que se nos ponchó una llanta en el camino — pero no fue ningún problema. Se podría decir que recibimos clases de “cómo cambiar una llanta con éxito”. La lluvia nos alcanzó antes de llegar al área de campamento y no paró en un buen rato, por lo que al llegar tuvimos que esperar a que cesara. Después de eso pudimos instalar el campamento y organizarnos en equipos, cada uno con su respectiva ruta, y preparar y disfrutar de una cena (discada) patrocinada por SIA. Después del largo día, finalmente tuvimos un excelente descanso.

El día viernes nos despertamos muy temprano para iniciar la ruta y aprovechar al máximo la luz del día. Después de un desayuno rápido, cada equipo emprendió su camino: el primer equipo comenzó caminando desde el campamento mientras que nuestro equipo tuvo que trasladarse en carro unos cuantos kilómetros para comenzar nuestra ruta a pie más rápido, la cual comenzó bajando por un cauce que cada vez se volvía más escabroso dificultando caminar por él, por lo que, en ciertos puntos de esta ruta tuvimos que caminar por las inclinadas laderas para continuar avanzando por el cauce. Realizábamos algunas paradas para tomar aire, agua, comer un poco y llenar las encuestas en Spring Seeker para registrar los manantiales encontrados; aquí Sofía conoció la encuesta y le tocó registrar su primer manantial y a mí el tercero.
A eso del medio día, nuestro guía Ángel García de SIA decidió recortar la ruta original, ya que terminarla nos iba a tomar muchísimo más tiempo y sería más riesgoso, por lo que tuvimos que subir una colina para incorporarnos a otro cauce para tomarlo de regreso y continuar buscando manantiales. Subir esa colina fue un desafío ya que había mucha roca y la vegetación era tan escasa que apenas había pinos en los que apoyarse, aunque eso pudo deberse al incendio forestal que ocurrió hace un año y aún se notaban rastros. Afortunadamente llevaba guantes que me ayudaban al agarrarme del suelo y de rocas más grandes sin lastimarme. Finalmente encontramos el camino para llegar al carro y llegamos al campamento alrededor de las 4 de la tarde. El resto del día fue descansar, cenar y prepararnos para el siguiente día.





Caminar por las laderas ya sea subiendo o bajando, sin duda fue todo un reto físico y mental para ambas, pero las vistas, la tranquilidad y el viento en cada uno de los puntos de descanso recompensaban el esfuerzo. En toda la ruta de ese día encontramos 11 manantiales; aunque no eran muy grandes ni profundos, la mayoría estaban en buen estado y con buena calidad del agua debido a las especies acuáticas en ellos y las plantas que crecían alrededor. El otro equipo en cambio registró seis manantiales, pero estos eran de mayor longitud y profundidad.
Para las rutas del siguiente día se acordó que, debido a las dificultades de estas rutas, nuestro equipo se separaría en dos: uno realizaría otra ruta por la sierra en busca de manantiales (yo, Nayeli, me incorporé en este equipo) y el otro grupo seguiría el camino para carros sin adentrarse en los cauces a menos que se sospechara de un manantial cerca (Sofía se incorporó en este equipo). Así que ahora había tres equipos realizando rutas. Debido a esto el sábado tuvimos experiencias aún más diferentes.
Sábado con Nayeli
Esta vez pude desayunar mejor, más tranquila e iba mejor preparada para la ruta. Salimos a las 7 a.m. nuevamente, y esta vez comenzamos a caminar desde el campamento. Primero nos adentramos un poco en el cauce que estaba cerca del campamento y encontramos dos manantiales y muchas salamandras. Después caminamos al punto del inicio de nuestra ruta, donde los troncos, piedras, hojas y ramas caídas, entrelazadas y acumuladas por la corriente parecían bloquear la entrada, casi diciendo: No entres. Parecía ser una ruta muy boscosa, pero sorprendentemente cruzando la entrada no tuvimos encuentros con ninguna víbora o araña y después de caminar un poco nos encontramos con un paraíso y con la primera poza de agua que era mucho más grande y profunda que las del día anterior, y nos dimos cuenta de que no era la única. Encontramos más durante casi todo el camino y parecían formar parte de un mismo manantial. Caminamos alrededor de tres horas cuesta arriba en busca del ojo de agua, acompañados siempre de la corriente de agua y sus pozas, rodeados no solo de pino y encino, sino también de nogales, álamos y maples, con un suelo cubierto de follaje caído y uno que otro árbol muerto. Nos topamos con muchos insectos peculiares, hongos, salamandras y Ángel, nuestro guía, notó una especie de larva que usaba pedacitos de corteza de tronco como camuflaje y se movía dentro del agua. No supimos cómo logró notarlas.
Cuando llegamos al origen del cauce buscamos el ojo de agua y fue completamente asombroso encontrarlo escondido entre medio de dos rocas grandes. El agua estaba corriendo por las grietas de las rocas y salía a la luz con un buen volumen y bastante fría. Registramos la ubicación del origen y continuamos con la ruta, a la que ya no le quedaba mucho. Cuando finalmente llegamos a la cima del cerro decidimos detenernos y disfrutar de la naturaleza. Descansamos por una hora y dentro de ese tiempo pude dormir como 20 minutos en el suelo. Fue muy agradable. El camino de regreso fue un poco difícil por los barrancos, sin embargo, ir por arriba fue mucho más rápido, pues en 40 minutos logramos volver al sendero de carros y continuamos caminando rumbo al campamento, donde finalmente pudimos descansar, tomar un baño, cenar y convivir más (ya que no encendieron el internet satelital por un rato, jajaja).
Sábado con Sofía
El sábado por la mañana me levanté a las 6 a.m. para desayunar y alistarme para salir a la exploración a las 7 a.m. En esta ocasión me fui a la de principiantes, nos dividimos en pequeños grupos para explorar diferentes áreas de la sierra, pero cerca del campamento, con el objetivo de encontrar y registrar varios manantiales.
Salimos a la exploración y al llegar al primer manantial nos adentramos y lo registramos. No era tan profundo, pero pude observar que tenía salamandras, escarabajos y chinches patinadoras. Seguimos la corriente para encontrar el origen del manantial y, al no encontrarlo cerca, decidimos regresar al camino de carros. Al seguir por el camino encontramos un segundo manantial. Al ir por el camino también conocí un poco más sobre plantas, árboles e insectos. Mientras más subíamos, el paisaje se volvía cada vez más hermoso al tener una vista de las montañas. Caminamos siete horas en total. Claro tomábamos pequeños descansos ya que el camino, sí, era agotador por las subidas que había, pero fue muy relajante poder comer tu snack viendo la naturaleza y escuchando el viento. Después de ese largo descanso comenzamos a regresar al campamento. Durante el recorrido me llamaban la atención las piedras brillantes y cómo crecían las plantas entre las grietas de las rocas y troncos. También pude observar cómo un tronco caído de un árbol tiraba gotas de agua y entendí que la madera actúa como una esponja o conducto que retiene y libera el líquido acumulado. Al llegar al campamento descansamos, comimos y convivimos. Ahí conocí a Ian McFaul, otro voluntario. Se me hizo muy interesante el valor que le da a las plantas y saber cómo nació su amor por ellas y me sorprendió cómo se sabe el nombre de cada una. Me enseñó las fotos que él toma y son muy hermosas.
El día domingo no se realizaron rutas ya que teníamos que levantar el campamento y salir temprano de la sierra. Pudimos dormir un poco más de tiempo y desayunar muy tranquilas. Después de quitar el campamento y subir todo a los carros comenzamos el viaje de vuelta, que nos tomó unas tres horas en sierra. Cuando salimos a carretera nos despedimos de la mayoría de los compañeros. Michell y Karen muy amablemente nos alojaron y nos volvieron a llevar a la central para tomar nuestro camión de regreso a Hermosillo.
Sin duda esta salida a campo fue toda una experiencia gratificante, enriquecedora y puso a prueba nuestras capacidades. Estamos enormemente agradecidas con Sky Island Alliance por la gran oportunidad y específicamente con los integrantes del personal: Mónica Montaño, Karen, Michell, Becca y Ángel por la atención y compañía. ¡Mil gracias!
