En los últimos años, los ganaderos, rancheros y ejidatarios de Sonora han enfrentado fuertes retos por la falta de agua, lo cual ha afectado gravemente sus ranchos y ha dificultado la actividad ganadera, provocando la pérdida de vegetación y productividad del suelo.
Cada año se espera la temporada de lluvias con la esperanza de que ayude a reducir la sequía, pero esta problemática continuará si no se atienden las causas de raíz. Pues ¿de qué sirve que llueva mucho si el terreno no está preparado para retener agua? Además, de nada sirve si cada año el terreno está más degradado.


En gran parte de Sonora, la pérdida de cobertura vegetal y de la fertilidad del suelo es un problema silencioso que en su mayoría puede pasar desapercibido y ser ignorado. Cuando el suelo está degradado y llueve, el agua corre rápidamente, erosionando los suelos y dejando la tierra infértil y expuesta. Entonces, no importa la cantidad de agua que llueva, el problema de escasez continuará cuando el suelo no está preparado para captar, distribuir e infiltrar humedad.
En la mayoría de los ranchos, el suelo se ha ido degradando por el sobrepastoreo y mal manejo de ganado, incendios o quema de pastizales, uso de maquinaria para raspar la tierra, creación de caminos mal ubicados, la deforestación y la introducción de especies invasoras — prácticas que traen como consecuencia la pérdida de la cobertura vegetal, dejando el suelo vulnerable. Sin cobertura vegetal, cada gota de lluvia impacta directamente el suelo, compactándolo y creando una “costra” que impide que el agua se infiltre y solo corra por la superficie, arrastrando la capa fértil y formando cárcavas que crecen con el tiempo. Sin materia orgánica, raíces y microorganismos, la tierra pierde su capacidad de retención. Así, aunque llueva, el agua no se queda donde debería — en el suelo del rancho.

En su mayoría, la respuesta ante esta problemática suele ser el uso de tecnologías costosas para perforar pozos más profundos y comprar insumos para sobrellevar la actividad ganadera. Pero estas soluciones no atacan el origen del problema. La verdadera solución está en comenzar a hacer un mejor uso del suelo y los recursos naturales, además de actividades de restauración que ayuden en la regeneración. Un suelo vivo, con buena estructura y plantas que lo protegen, actúa como una esponja natural: absorbe el agua, la retiene y la distribuye lentamente. Esto no solo reduce los efectos de la sequía, sino que también aumenta la fertilidad, la biodiversidad y el rendimiento del rancho.
Cuando el suelo está saludable y lleno de vegetación, se retiene más humedad y puede crear microclimas más frescos. Además, el agua de lluvia que llega se conserva mejor. Todo trabaja en conjunto: los microorganismos, las raíces y la materia orgánica, para crear un ciclo positivo de regeneración.
¿Qué podemos hacer para detener la pérdida de suelo y recuperar agua?
Para enfrentar esta problemática, es necesario cambiar nuestra manera de ver la tierra y todos los recursos que la naturaleza nos ofrece. Debemos darnos cuenta de que es un sistema vivo que debemos mantener sano para que no se agote y siga produciendo.
Algunas prácticas que pueden ayudar:
- Cosecha de agua de lluvia, realizando curvas de nivel y zanjas de infiltración para retener humedad.
- Restauración del suelo a través de prácticas de ganadería y agricultura regenerativa, así como reforestación y dispersión de semillas para recuperar la vegetación nativa.
- Protección de manantiales y áreas clave con cercos de exclusión.
- Elaboración de gaviones o trincheras de roca para la retención de agua y suelo en áreas erosionadas.
Muchas prácticas actualmente en uso han disminuido la capacidad natural de los ranchos para absorber y almacenar humedad. Pero este problema tiene solución; regenerar el suelo no solo es posible sino fundamental para asegurar la productividad ganadera, proteger la biodiversidad y garantizar un futuro próspero. Cada ganadero que decide restaurar su tierra contribuye a tener un ecosistema más saludable, resiliente y lleno de vida.
