Una caminata y sorpresa en Sierra La Madera durante el Festival de las Islas del Cielo

Blog invitado por Adrían Moran

Adrían Moran es estudiante de Ingeniería en Ciencias Ambientales en la Universidad de Sonora y miembro del colectivo Caminantes del Desierto. La siguiente caminata fue coordinada por Sky Island Alliance y APFF Bavispe-CONANP y fue parte del reciente Festival de las Islas del Cielo. Gracias al rancho Tonibabi por el acceso a la sierra y por su hospitalidad que hizo posible esta aventura.

Es mi tercera vez asistiendo al Festival de las Islas del Cielo y participando en la feria de stands representando tanto a mi carrera como al colectivo. Me gusta asistir a este evento porque me hace recordar y estar cerca de la gran comunidad que trabaja por la conservación ambiental en Sonora.

La actividad que más me llamó la atención este año fue la caminata a la Sierra La Madera, por lo que no dudé en apuntarme. El sábado 18 de octubre a las 6 de la mañana llegué con mis amigos a la plaza central de Moctezuma para arrancar con las actividades del día. Algunos eligieron el taller de yoga y otros preferimos la caminata. Para acercarnos al lugar, nos acomodamos en los carros, pasamos por el rancho Tonibabi, a unos 15 minutos de camino por la salida de Moctezuma a Huásabas. Nos adentramos más de un kilómetro por terracería hasta llegar a un pequeño arroyo de aguas termales. Lo conocimos rápidamente y continuamos subiendo para llegar al punto donde empezaríamos la caminata.

Durante el recorrido caminando me sentía bastante cansado por el festejo de la noche anterior, pero pesaban más mis ganas de conocer estos paisajes. Caminé junto a dos amigos de la universidad alrededor de media hora mientras comíamos nuestros snacks e identificábamos las plantas que veíamos. Por un momento decidimos tomamos un pequeño descanso en la sombra de unos arbustos.

Tuvimos la suerte de que pasara uno de los rancheros de la zona y nos ofreció ride. Nos subimos a la caja del pickup, junto a otros estudiantes de la UniSierra y biólogos del Arizona-Sonora Desert Musuem, y pensábamos que solo nos adelantaríamos hacia donde estaba el resto del grupo, pero fuimos invitados a conocer el rancho de la cima de la sierra, así que accedimos.

Recorrimos 9.5 kilómetros durante una hora por la terracería pedregosa y aprovechamos para platicar del ecosistema, las sequías y la vegetación que iba cambiando conforme subíamos la sierra (llegamos a unos 1,400m de altitud). Fue gratificante observar cómo los encinos cada vez eran más frecuentes.

Llegamos a la casa del rancho y nos recibieron con elotes cocidos y un buen café. Conocimos una pequeña represa, camas de cultivo para consumo propio y las instalaciones ganaderas con las que contaban. Después de un rato, acompañamos al ranchero a una cascada increíble con buen cauce en ese momento. Ahí me di cuenta de que había valido la pena el tiempo que pasé bajo el sol y haberme levantado temprano. Aprovechamos para bañarnos en el pequeño bowl de la cascada. El agua estaba muy helada y me ayudó para activarme aún más.

La experiencia completa del festival, desde los stands hasta los bailes, fue grata y me permitió conocer aún más personas que dedican su tiempo al medio ambiente.