


Este año yo participé, junto a dos de mis amigas, Daana Leal y Dalia Ruíz (todos somos estudiantes de Danza de la Universidad Autónoma de Baja California), en el Festival de las Islas del Cielo, realizando talleres de danza para visitantes, estudiantes jóvenes y niños de la comunidad de Moctezuma, Sonora.
Además, tuve la oportunidad de presentar mi primer proyecto dancístico con enfoque ambientalista. Sin duda, este fue el escenario perfecto para compartir esta obra, rodeado de organizaciones, estudiantes, visitantes y voluntarios con intereses de proteger y reconectar con nuestro entorno natural.
Hace tres años, después de estudiar Biología y trabajar de tiempo completo con Sky Island Alliance, tuve que mudarme a la ciudad de Mexicali para estudiar Licenciatura en Danza. Una de las principales motivaciones que me llevaron a tomar esa decisión fue darme cuenta de que en los eventos de conservación y educación ambiental solo se presentaban grupos de danza folclórica mexicana. Es una representación maravillosa de nuestra cultura, pero sentía que faltaba otro tipo de danza, una que dialogara directamente con los objetivos de estos festivales: una danza que hablara de las problemáticas ambientales, que funcionara como medio de protesta, sensibilización y reflexión.
Muchas veces me preguntaron: ¿Por qué decidiste estudiar algo tan distinto a la biología?
Y mi respuesta siempre fue la misma: “Yo siempre quise estudiar danza, incluso antes de estudiar biología, pero el haber pasado por la biología me dio la respuesta del para qué estudiaría danza y todo tuvo más sentido.”
Hoy, después de tres años de formación en danza, logré unir ambos caminos con mi primera obra: “Almas en vuelo”, una pieza inspirada en la historia de los activistas ambientales y guardianes de la mariposa monarca, quienes dieron su vida por proteger los bosques donde estas mariposas hibernan. La coreografía es una metáfora sobre la vida, la muerte y la transformación — interpretada por Dalia Ruíz, Daana Leal y Jazmín Hernández (a quien representé en esta ocasión).





La intervención en Moctezuma, Sonora, se realizó de manera sorpresiva, interrumpiendo el baile de cierre del festival. Quizá al principio generó cierta incomodidad, pero fue precisamente esa irrupción la que captó la atención del público. “Almas en vuelo” es algo muy distinto a lo que normalmente se presenta en la comunidad, y por eso mismo me llena de alegría ver cómo fue recibida con respeto, emoción y curiosidad. Las felicitaciones y palabras de aliento del público me recordaron por qué hago esto: porque el arte tiene el poder de mover, despertar y transformar.
Agradezco profundamente a Sky Island Alliance por la invitación, por el apoyo constante y por seguir creyendo en mí, ahora también como artista. Espero que este solo sea el inicio de un camino donde la danza y la biología sigan encontrándose para defender la vida desde el movimiento, la belleza y la conciencia.
